La música antigua abraza en Utrecht reivindicaciones modernas
Ya lo dejó caer la fidulista y directora del Sollazzo Ensemble, Anna Danilevskaia, en su concierto del pasado sábado: ¿acaso debemos dar por sentado que detrás de las piezas que nos han llegado sin indicación alguna de su autoría se encuentra siempre un hombre? Como ella misma escribe, se trata de “un automatismo profundamente arraigado tanto en el público como entre los músicos”. Y ella misma se pregunta por qué “rara vez se investiga por qué una obra ha permanecido anónima. ¿Y si detrás del anonimato se escondiera una compositora?”. Su programa estaba integrado en su totalidad, de hecho, por piezas anónimas, pero los textos de algunas de ellas (Comme femme desconfortée, del famoso Chansonnier cordiforme, o Henri Philippet, del Cancionero de Lovaina, que salió a la luz en 2014 y cuyo contenido dio a conocer su propio grupo cinco años después) apuntan claramente a la posibilidad de que la música y/o el texto fueran escritos por mujeres. La segunda pieza, un rondeau, es una de las pocas del repertorio medieval franco-flamenco de la que algunos musicólogos sospechan que sí que podría ser de autoría femenina. Su texto está impregnado de decepción y se menciona por su nombre al responsable del estado de ánimo del narrador (o, mejor, narradora), un tal Henri Philippet del que nada sabemos, pero que airó lo suficiente al compositor (o compositora) como para provocar que plasmara sobre el papel su desazón: “No me rechaces: / sé valiente y sincero en tus palabras y en tus actos […] / mi pobre corazón se pregunta / día y noche / cómo podemos ambos librarnos / de las garras del destino”.
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