Más acentos, más colas, más restaurantes y apartamentos sin ventanas: el Madrid que me encontré tras 10 años fuera
Días antes de partir de Madrid, con el vértigo de la mudanza al acecho y la nevera tiritando, cada despedida era un pretexto para comer o cenar fuera. Casi todos los días, sin ningún tipo de planificación ni reserva y con la percepción de que había muchísimos sitios compatibles con las necesidades y la cartera de la mayoría. Una de esas, en un lugar elegido al azar en la calle del Barquillo, al lado del piso donde vivía, en un bar recién abierto tenían un plato del que nunca había oído hablar. Pregunté qué eran los “tequeños”. Me contestaron que unos palitos de queso. Los pedí. Me gustaron.
6 days ago
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